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   Adentrarse por senderos de ensueño y tejer un abrazo de sensaciones: es tanto como disfrutar de la naturaleza, adornando la vida con la fuerza expresiva de una indescriptible paleta de colores, de insospechados tonos, que remarca  la armonía de los silencios ocultos tras la frondosidad del bosque, a la vez que evoca los criterios del alma de épocas pasadas, deslizando la memoria de los tiempos a lomos de la espuma del cristalino arroyo que alimenta  las aspas y anima a los molares.
 
     Me detengo una y otra vez al pie de los molinos que jalonan  la ruta y la brisa, fresca y delicada, me abanica y mece los recuerdos de tantas moliendas cargadas de historia: esfuerzos, luces que se escurren, trasnoches de cantares, requiebros de madrugada, frutos cosechados en meses de incertidumbre, maquilas concertadas y el peculiar aroma de la blanca harina recién aparecida. Un mosaico de figuras de museo, de sólida riqueza etnográfica, que llena de magia la andadura y nos otorga el más encantador de los relatos.

     Y por si fuera poco el placer de la caminata resulta que, al final del trayecto, me encontré con tres amables miembros de la «ASOCIACIÓN MUIÑEIROS DO RÍO TRIPES», Alberto, Miguel y Ricardo, personas preocupadas por conservar y promocionar esta muestra cultural, que me concedieron unos sabrosísimos y documentados momentos de charla, lo cual desde aquí agradecemos. JAGR

 
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